miércoles, 13 de junio de 2012

LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA EN LA IGLESIA

                                                                                    Francesc Ramis Darder

Vamos a referirnos hoy al documento sobre “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” (1993) de la Pontificia Comisión Bíblica.

 Tal como recalca la constitución dogmática Dei Verbum, el estudio de la Sagrada Escritura es el alma de todo el quehacer de la teología (DV 24). Recogiendo el anhelo de la Iglesia, la Pontificia Comisión Bíblica publicó un documento muy significativo con respecto a la naturaleza y hondura de los estudios bíblicos: “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” (1993).

 El mencionado documento empieza aludiendo a los grandes hitos con que el Magisterio ha contemplado los estudios bíblicos a lo largo de los últimos tiempos: Providentissimus Deus (León XIII, 1893), Divino Afflante Spiritu (Pío XII, 1943), Santa Mater Eclessia (1964), pero sobre todo hace referencia a la Constitución Dogmática Dei Verbum, emanada de los trabajos del Concilio Vaticano II (18 noviembre 1965). El objetivo del documento consiste en ponderar seriamente los diferentes aspectos de la situación actual en referencia a la interpretación bíblica; desea prestar atención a las críticas y aspiraciones que laten en el corazón de los investigadores; pretende valorar las posibilidades ofrecidas por los nuevos métodos de investigación. En definitiva, desea precisar las orientaciones que mejor respondan a la misión de la exégesis en el ámbito de la Iglesia Católica.

 El documento alcanza el objetivo mencionado desarrollando cuatro aspectos básicos. Empieza describiendo los diferentes métodos y acercamientos que los investigadores actuales adoptan para adentrarse por los caminos de la Escritura, al mismo tiempo que hace una valoración de las ventajas y limitaciones que presentan. Seguidamente profundiza en algunas cuestiones hermenéuticas propias de la interpretación de los textos bíblicos. Después se para en la reflexión sobre las dimensiones características de la interpretación católica de la Biblia, y sobre su relación con otras disciplinas teológicas.Finalmente considera, de la manera más cuidadosa, los aspectos más significativos por los que se debe distinguir la interpretación de la Biblia en la vida de la Iglesia.

 El horizonte de comprensión que alcanza el documento es amplio y profundo; por parte nuestra solo querríamos destacar dos aspectos complementarios que hacen referencia a la situación actual y al desarrollo en que se hallan los estudios bíblicos.

 En primer lugar, deja patente que el uso del método histórico-crítico es indispensable para el estudio científico del sentido de los textos antiguos, estudio que se concreta, como señala el documento, en las investigaciones bíblicas. El documento enfatiza que la Sagrada Escritura, “la Palabra de Dios escrita en lenguaje humano”, ha sido redactada por autores humanos en todas sus partes y en todas sus fuentes, por eso concluye expresando de forma apodíctica que la justa comprensión de la Escritura no solo admite como legítimo el uso del método histórico-crítico, sino que la utilización del mencionado método pasa a ser indispensable para el estudio científico de la Escritura.

 En segundo término, el texto de la Pontificia Comisión Bíblica desautoriza de forma contundente la lectura fundamentalista de la Biblia. La lectura fundamentalista se basa en el principio de que la Biblia debe ser leída e interpretada literalmente en todos sus detalles. Bajo la mención de “interpretación literal”, la aproximación fundamentalista alude a la interpretación primaria y literalista. Excluye cualquier esfuerzo dirigido a la comprensión de la Biblia que tenga en cuenta el trasfondo histórico de donde brotaron los textos, igualmente desconoce y rehúsa el desarrollo que experimentó el talante literario y teológico del contenido de la Escritura. En definitiva, según señala el documento, la perspectiva fundamentalista se opone al uso del método histórico-critico y de cualquier otro método científico orientado hacia la comprensión de la Escritura.

 Los dos aspectos que acabamos de mencionar sitúan cuidadosamente la gloria que alcanza a la Iglesia cuando profundiza con rigor el estudio de la Sagrada Escritura, pero también advierten contra el peligro y la destrucción a que se expone la comunidad cristiana cuando se precipita por el abismo fundamentalista.


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