viernes, 28 de abril de 2017

¿QUIÉN ES ZAQUEO?


                                                             Francesc Ramis Darder
                                                             bibliayoriente.blogspot.com



    El evangelio de Lucas tiene por objetivo comunicarnos la liberación que Jesús ha venido a otorgarnos a todos. Jesús es el Señor que libera, pero esa salvación que el Señor nos concede la realiza desde la misericordia.


    Recordemos que la misericordia no es un simple sentimiento; consiste en una virtud muy importante: dar algo de mi mismo a la pobreza del corazón de mi hermano. En la narración que vamos a leer observaremos el corazón pobre de Zaqueo. Un corazón falto de perdón y comprensión. Jesús ejerce con el duro cobrador de impuestos el difícil arte de la ternura. La misericordia de Jesús se transforma en perdón y devuelve a la vida de Zaqueo la humanidad perdida.

 

1. Situación de la narración en el conjunto del Evangelio.


    El fragmento que nos cuenta la historia de Zaqueo (19, 1-10) se halla ubicado en la sección  central del evangelio: el viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén (9, 51 - 19, 27). Durante toda esta larga sección, Jesús dedica la mayor parte de su tiempo a instruir a los discípulos. De alguna manera Jesús deviene "Palabra" dispuesta a preparar  a sus amigos para vivir el tiempo de la Iglesia.  Jesús enseñará a los discípulos que la verdadera misericordia pasa siempre por el perdón.


    Notemos un segundo detalle, especialmente importante, en cuanto a la posición del texto. La narración de Zaqueo se halla, prácticamente, al final de la sección del viaje a Jerusalén y justo antes del inicio de los relatos concernientes a la pasión del Señor.


    Al final de su largo viaje Jesús enseñará a sus discípulos a convertir la misericordia en perdón. Al  final de su vida, en el dolor de la Cruz, Jesús también convertirá la misericordia en perdón: " Padre, perdónales, porque no saben lo que  hacen " (23, 34). Al final de su viaje y al término de su vida, Jesús nos enseña la virtud de saber perdonar. ¿ No será que la capacidad de perdonar es la mejor manifestación de la auténtica misericordia ?.


    El Nuevo Testamento lleva siempre a su plenitud algún aspecto del Antiguo Testamento. Este episodio presenta similitudes y diferencias con otro muy importante del la Antigua Alianza: La entrada de Josué en la Tierra Prometida conquistando la ciudad de Jericó (Jos 6).


    El pueblo de Israel guiado por Moisés había emprendido un largo periplo desde Egipto hacia la Tierra de Promisión. Josué llega a la ciudad de Jericó, y por la fuerza de las armas toma aquella villa. La conquista le permite entrar en Tierra Santa y tomar posesión del país que Dios había otorgado a sus antepasados. Antes de tomar la ciudad, Josué se encuentra con una mujer marginada: Rahab. Esta le ofrece una hábil estrategia para tomar fácilmente la ciudad sin necesidad de perder ningún guerrero en el combate. Una vez que ha conquistado Jericó, y como acto de gratitud, Josué ejerce la misericordia con aquella mujer y con su familia permitiéndoles seguir con vida (Jos 6, 22-23).


    Jesús guiando a sus discípulos, emprende también un viaje desde Cafarnaum a Jerusalén. Jesús llega a Jericó y conquista aquella ciudad representada por Zaqueo. No lo hace con el poder militar, sino con la fuerza de la misericordia convertida en perdón. Desde Jericó, el Señor se dirige a tomar la Ciudad Santa; pero no lo hará con el poder de las armas sino desde la debilidad de la Cruz. También, en Jericó, ejerce el Señor la misericordia con alguien marginado: el cobrador de impuestos.


    Apreciemos la importancia que tiene la situación de un fragmento en el conjunto del evangelio. La simple posición de este texto nos enseña tres cosas: Jesús se hace "Palabra" enseñándonos el perdón; prepara la actitud del creyente ante las adversidades de la vida representadas por la pasión; y, finalmente, nos indica la culminación y superación del Antiguo Testamento en el Nuevo.



2. Lectura del texto (19, 1-10).


    Entró Jesús en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad. En esto un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque tenía que pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:

    - Zaqueo, baja enseguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.

    El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello murmuraban todos:

    - ¡ Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador !.

    Zaqueo se puso en pie y le dijo al Señor:

    - Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces.

    Jesús le contestó:

    - Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.



3. Elementos del texto.


a. Jericó.


    La ciudad de Jericó era un núcleo urbano importante, situado de manera estratégica entre las regiones de Judea y Perea. Al ser zona fronteriza disponía de un servicio de aduanas y de una guarnición militar relativamente grande. También era zona de intercambios comerciales al confluir en ella un nudo de comunicaciones significativo. El rey Herodes construyó al lado de la ciudad antigua una ciudad nueva y la dotó de palacios y termas.


     La situación comercial, fronteriza, aduanera y militar, otorgaban a la ciudad un ambiente cosmopolita un tanto alejado del cumplimiento estricto de la leyes judías referentes a la moral. La presencia de soldados, comerciantes y numerosos viajeros; hacían que la ciudad fuera en cierta medida una urbe con muchos lugares de diversión.  Desde una perspectiva histórica la ciudad había gozado de un gran prestigio. Recordemos que es una de las ciudades más antiguas que se conocen; y el AT le concede un gran papel (Jos 6-7).


b. Zaqueo.


   La palabra Zaqueo es un disminutivo de Zacarías, nombre que significa probablemente: " El Señor se acuerda de nosotros ". En nuestra narración, la palabra Zaqueo es un disminutivo de Zacarías. El nombre es un disminutivo popular, indica -por tanto- que la persona era muy conocida, y era posible identificarla con un apodo.


    Su profesión consiste en cobrar los impuestos. En la época de Jesús las contribuciones gravaban muy duramente al pueblo judío. El sistema impositivo era muy intenso  y, capilarmente, llegaba a todos los estratos de la población. Cobraban impuestos los romanos, pero también los cobraba el rey Herodes, y había que pagar -además- un pequeño diezmo al Templo.


     El impuesto realmente duro y gravoso era el impuesto cobrado por los romanos. El cobro se realizaba, a veces, de forma violenta y mediante la extorsión y el abuso. Generalmente se exigía mucho más de lo que una persona podía pagar; lo que implicaba el empobrecimiento progresivo de la población; y en algunas ocasiones la reducción a la esclavitud de los deudores insolventes.


    Zaqueo era  muy rico. Cobrar impuestos permitía realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el rápido enriquecimiento del cobrador. El hecho de ser recaudador implicaba que Zaqueo fuera mal visto y, a la vez, muy temido por las gentes. Seguramente, el ejercicio de su profesión habría dado lugar a que cometiera  algunas injusticias ; como hacían habitualmente los recaudadores de entonces.


    Era pequeño de estatura, la gente no le permite ver pasar a Jesús. Tal vez fuera una persona dada a protagonizar gestos curiosos, observemos lo que nos dice el texto: corre entre la gente y se sube a un sicomoro. Nos da la impresión de un personaje pintoresco: Pequeño, le conocen mediante un mote, la gente le teme, se ha enriquecido a costa de los demás, es un colaboracionista del dominio romano.  El hecho de ejercer la profesión de recaudador de impuestos implicaba que estuviera excluido de la vida religiosa del resto de los judíos. Los cobradores eran un tipo de gente despreciada, pero también muy temida a causa de  su dinero y su poder coercitivo.


    Jesús llevaba bastante tiempo predicando, era ya un personaje famoso que estaba a punto de cruzar Jericó de paso hacia Jerusalén. Entonces Zaqueo intenta ver  a Jesús. Entre la multitud abigarrada quiere ver quien es aquel personaje, tan famoso, que cruza la ciudad.


    Zaqueo intentaba ver a Jesús, pero no podía. Su pequeña estatura  y la muchedumbre de gente que se agolpaba en torno  se lo impedía. La gente no solamente le impedía ver a Jesús físicamente, se lo imposibilitaba también moralmente: Zaqueo era un cobrador de impuestos, pequeño, excluido de las prácticas religiosas judías, motejado; quizás, no amado por nadie pero sí temido por todos.


    Esta ideas de la gente respecto de su persona, ciertamente habrían influido en su manera de pensar y de percibir su existencia. La vida de Zaqueo ya estaba modelada; él se enriquecía cobrando impuestos y sus conciudadanos le temían y odiaban: No era posible cambiar nada. La salvación, la misericordia, la persona de Jesús, pasa al lado de él; pero nada ni nadie  -según su forma de pensar-  puede hacer nada por su vida. La suerte de su vida está echada para siempre; su modo de vida le ha empequeñecido y el desprecio de los demás le impide detectar un futuro distinto.


c. La gente.


    La gente le impedía ver a Jesús. La gente no significa sólo un grupo de personas; también significa lo que piensa la gente. La opinión de las personas respecto de Zaqueo hace imposible que aquel hombre vea a su salvador.    Cuando Jesús se ha alojado en casa de Zaqueo, la gente murmura. Critican duramente la decisión de Jesús: " ¡ Ha ido a hospedarse a casa de un pecador ! ". Zaqueo es un pecador. ¡ Que palabra más dura !: Un hombre perverso  que ha roto sus relaciones con Dios. Un hombre impuro, uno que no tiene derecho a cambiar de vida, ni a liberarse. Una persona a la que no se permite sentirse bien junto a Dios ni contemplar el rostro de Jesús.


    La opinión de la gente hace de Zaqueo un hombre pequeño para siempre. La muchedumbre traba al cobrador de impuestos su contacto con Jesús. Todos somos hijos de Dios pero, a veces, lo que de nosotros se piensa y se opina nos disminuye; sobre todo si nadie nunca nos ha valorado en aquello que realmente somos.


d. Jesús.


    Jesús cruzaba la ciudad en dirección a la Ciudad Santa, en la que iban a tener lugar los acontecimientos del Domingo de Ramos. Jesús llega a Jericó con fama de salvador por eso le rodea una multitud de curiosos. Pero la única persona en la que el Señor fija su atención es en Zaqueo. La forma de vida de Zaqueo con relación a su pueblo era injustificable. En cambio Jesús es a la única persona que mira.


    Jesús tiene con Zaqueo una actitud caracterizada por dos verbos: Se fija en él "levantando los ojos" y le "habla", verbos muy sencillos y a la vez muy  profundos:


   - Levantar la vista: " ... levantó Jesús la vista ... "


     Recordemos el caso de Jesús cuando levanta los ojos al cielo y el evangelio nos dice: " Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que sirvieran a la gente " (Lc 9, 16). El fragmento se encuentra en la multiplicación de los panes.


     El verbo significa mirar en profundidad, mirar con la intención de hacer el bien, con la intención de ejercer la misericordia. El mismo verbo ha sido utilizado en el fragmento anterior del evangelio (18, 35-43) con la intención de devolver la vista a un ciego. Mirar en profundidad no es ver detalladamente la realidad; es mirarla con el deseo de transformarla desde la misericordia y la ternura.


    - Decir: " ... y le dijo ... ".


      Este verbo no significa, simplemente, el hecho de pronunciar sonidos con los labios. Su acepción más genuina es la de "comunicar" algo que tiene una fuerte repercusión en la vida de quien lo escucha. Para aclarar el sentido del  término hagamos una breve referencia al AT.


    El pueblo de Israel padece en Babilonia la dureza de un duro exilio. El pueblo clama al Señor y le pide ayuda. Entonces Dios, mediante un profeta, le dirige su palabra de sosiego: " Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio ... " (Is 40, 1).


    El "decir" de Dios a su pueblo no se limita a pronunciar palabras. Comunica el consuelo a Israel y le anuncia la pronta liberación. El "decir" de Dios cambiará radicalmente la vida de los exiliados. Cuando Dios habla se revela. La voz de Jesús a Zaqueo es la revelación de Dios; y su mirada es la transmisión de su misericordia.


    Jesús le dice: " ... baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa ". Observemos que Jesús no le recrimina nada a Zaqueo de su vida pasada; y objetivamente -al ser cobrador de impuestos- habría muchas cosas que reprobar. Convengamos que es bastante lógica la reacción de la gente ante la actitud de Jesús: Zaqueo era un pecador y, en general, mal visto por los judíos.


    Hay un detalle en el texto que no debe pasarnos por alto. Jesús dice a Zaqueo: " ... hoy tengo que alojarme en tu casa... ". Esta expresión tan sencilla " ... tengo que ... " la utiliza Jesús en algunos momentos cruciales de su vida:


      Cuando Jesús se ha perdido en el Templo y sus padres le encuentran entre los doctores, el les dice: " ¿ No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre ? " (2, 49). Más adelante dirá: " También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios; para eso me han enviado " (4, 44). Comenta a los discípulos: " El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los senadores ... " (9, 22); " ... tengo que seguir mi viaje, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén " (13, 33); " ... porque os digo que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito ... " (22, 37); etc.


    La vida de Jesús no es fruto de la improvisación ni resultado de la casualidad. La vida de Jesús responde a un proyecto: " El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena nueva a los pobres " (4, 18). La vida de Jesús da plenitud al proyecto de Dios en favor de los hombres: " ... todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí tenía que cumplirse " (22, 44). Por eso El Señor " ... tiene que ... " hospedarse en casa de Zaqueo, porque él es la liberación de Dios entre los hombres. Nunca nadie se ha preocupado de que Zaqueo fuera humanizado, por eso es necesario que Jesús mismo emprenda esta tarea.


    Zaqueo obedece a Jesús y hace exactamente lo que él le ha dicho. Por el contrario la multitud se siente sorprendida y molesta con el gesto de Jesús: no pueden entender la razón que lleva a Jesús a hospedarse en casa de un pecador. Zaqueo adquiere ante Jesús una doble actitud:


    - Está de pie: " Zaqueo se puso en pie ... ".


      Estar en pie ante alguien es el verbo que expresa la dignidad humana. La mirada de Jesús y sus palabras han devuelto la dignidad personal a Zaqueo. Antes, el texto, nos lo había presentado como un personaje de baja estatura a quien la gente impedía ver el paso de Jesús. La mirada  y la palabra de Jesús, le ha devuelto la dignidad de saberse alguien ante los demás y ante sí mismo.


      Recuperar la dignidad, ponerse de pie; es una metáfora del perdón. Cuando recibimos el perdón recuperamos y aceptamos nuestra auténtica humanidad. Sólamente el perdón libera. Unicamente el perdón, a pesar de nuestras bajezas, nos permite estar de pie ante el Señor y ante los hermanos.


    - Jesús es el Señor: " ... y dirigiéndose al Señor le dijo ...".


     Cuando Zaqueo subió  al sicómoro, quizá, solo pretendía ver a un personaje famoso, buen orador y con fama de milagrero. Pero ese personaje le ha hablado y le ha mirado; y con estas acciones le ha devuelto su dignidad de persona. Zaqueo ha sido perdonado.


     Después de este encuentro personal y trascendental en su vida, Jesús ya no puede ser -simplemente- un personaje famoso e interesante. A partir de ahora Jesús es el Señor. El que ha cambiado para siempre su corazón. Zaqueo ya no servirá más a los pequeños "señores" a quienes daba culto: el dios del miedo que infundía a sus vecinos, y el dios de la soledad y el aislamiento con el que le pagaban las gentes. Zaqueo ha llegado a la fe, ha descubierto a Jesús como el único Señor de su vida.



e. La conversión.


    Unicamente quien ha recibido el perdón es capaz de convertirse. Habitualmente nuestra mentalidad es distinta. Cuando nuestra vida se desenvuelve en el mal, pensamos que lo primero que hay que hacer es un esfuerzo personal por convertirnos. Creemos que cuando nos hayamos vuelto buenos a causa de nuestro esfuerzo, entonces Dios nos perdonará.    Los ojos humanos contemplan este proceso: Pecado, conversión, perdón. Pero los ojos de Dios siguen un proceso distinto: pecado, perdón, conversión. Observemos este camino en la narración de Zaqueo.


    Zaqueo es , ciertamente, un pecador. Pero, es Jesús quien primero le mira y le habla. Son los ojos y la voz de Jesús los que devuelven la dignidad a Zaqueo. Al haber oído la palabra de Jesús y haber percibido su mirada, Zaqueo se pone de pie y le reconoce como Señor. La misericordia de Jesús, transmutada en perdón, ha puesto de pie a Zaqueo. El recaudador de impuestos ha aceptado la mirada del Señor, ha sido perdonado; ahora ya puede convertirse.


    ¿ Que significa convertirse ?. Convertirse es transformar en obras de misericordia el perdón que -gratuitamente- hemos recibido de Dios. Zaqueo se convierte: comienza a traducir en misericordia el perdón significado en la mirada y en la palabra de Jesús:


    - " La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres ... ".


    En tiempos de Jesús un grupo religioso importante era el de los fariseos. Se caracterizaban por cumplir la Ley de una manera muy estricta. Esta conversión, dar la mitad a los pobres, sería un cambio muy pequeño, simplemente pasaría de ser un publicano a ser un fariseo. Cuando uno había robado alguna cosa, la Ley mandaba devolver el doble de la cantidad robada. Un fariseo se limitaría a observar esta prescripción, y devolvería el doble de lo robado. Si Zaqueo actuara así se limitaría a cumplir simplemente las normas de honradez, pero él va mucho más lejos ...


    - " ... y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces más ".


   Zaqueo muestra una gran generosidad. Su restitución se adecua a las prescripciones más exigentes de la Ley: (Ex 21, 37) " Cuando un hombre roba un buey o una oveja y los mata o los vende, debe restituir cinco bueyes por cada buey y cuatro ovejas por cada oveja ". (Lv 5, 21-24) " lo que se ha robado debe devolverse con un recargo de una quinta parte de más ". Zaqueo devuelve mucho más de lo que la Biblia prescribe. Quien ha recibido generosamente el perdón de Dios no pone límites al ejercicio de la misericordia. Entrega a la pobreza del corazón de su hermano mucho más de lo prescrito por los normas.


f. El final de nuestra historia.


    ¿ Por qué ha perdonado Jesús a Zaqueo ?. Escuchemos en la cálida voz del texto las palabras del Señor:  " ... pues también él es hijo de Abraham ". Por el mero hecho de ser persona humana (hijo de Abraham) Zaqueo tiene capacidad de percibir la misericordia de Dios. Los hombres, simplemente en razón de nuestra propia humanidad, tenemos la dignidad plena para estar de pie ante Dios y recibir de él su perdón y su misericordia.


    " Hoy ha llegado la salvación a esta casa ...": Nuestra liberación consisten en aceptar la mirada y la voz que Dios nos dirige. La aceptación de la mirada de Dios nos otorga el perdón; y una vez perdonados podemos convertirnos y vivir en el amor. ¿ Cuántas veces nuestra pequeñez y la opinión de la gente que nos rodea, nos impiden dejarnos mirar por Jesús ?.


    La última línea de la narración es especialmente significativa: " Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo ". La finalidad de la acción de Jesús no es otra que la de liberar al oprimido por cualquier causa. Estas palabras nos traen el eco de otros fragmentos del evangelio, pero vamos a fijarnos sólo en un elemento: El Hijo del Hombre.


    En tiempos de Jesús la gente esperaba ansiosamente la llegada de un salvador. Todo el mundo deseaba la llegada de alguien que desde el poder y con una apariencia deslumbrante trajera al mundo un tiempo de felicidad y de paz. Jesús es el Señor que aporta a todos la liberación esperada. Pero no nos la trae desde la apariencia deslumbrante, ni mediante una gran capacidad económica, ni tampoco a través de un poder apabullante.


    Jesús nos trae la liberación esperada, pero actúa de un modo completamente diverso al deseado por los hombres. Jesús libera mediante la actitud de servicio, la vida compartida y la existencia humilde. El AT cuando se refiere a un personaje caracterizado por estas actitudes (compartir, servir y ser humilde), le denomina Hijo del Hombre; por eso Jesús es el Hijo del Hombre esperado.


    Zaqueo se ha encontrado con Jesús, el Señor. Ese encuentro personal le ha permitido descubrir el auténtico señoría de Jesús, el Hijo del Hombre. El cobrador de impuestos sabe que,  a partir de ahora, su vida ha de ser semejante a la de su verdadero Señor. La vida compartida, la existencia humilde y la actitud de servicio; permitirán a Zaqueo verter en el corazón pobre de sus hermanos la misericordia, que el mismo ha recibido gratuitamente de Jesús.



4. Síntesis final.


    El evangelio de Lucas es el texto de la misericordia de Dios. Jesús es el Señor que nos trae la liberación mediante el ejercicio fiel de la misericordia. La misericordia no es un concepto sino es una realidad manifestada con muchas caras. El primer rostro de la misericordia de Dios con los hombres es el perdón. El episodio de Zaqueo nos muestra la misericordia de Dios convertida en perdón.


    Zaqueo es el prototipo de persona al que las circunstancias de la vida y sus propias acciones, le  han llenado el corazón de amarga culpabilidad. La opinión de las gentes y su propio sentimiento de culpa hacen de Zaqueo una persona empequeñecida. El piensa que en su vida no es posible ningún cambio. Unicamente es posible sobrevivir provocando miedo en los demás, y soportando la dura respuesta del odio y el desprecio.


    En el seno de este círculo vicioso hace acto de presencia -inesperadamente- Jesús de Nazaret. El, con su mirada y su palabra, otorga el perdón ha Zaqueo. Una vez perdonado Zaqueo recobra su dignidad humana y, poniéndose de pie  reconoce a Jesús como el único Señor de su vida. El perdón permite a Zaqueo convertirse, y una vez convertido puede iniciar la senda del bien; que no es otra cosa que repartir entre sus hermanos la misericordia vertida por Jesús en su propia existencia.


    Jesús no libera a Zaqueo por casualidad. La vida Jesús es la encarnación del proyecto liberador de Dios entre los hombres. Jesús "tiene que" liberar al cobrador de impuestos porque para esta misión ha sido enviado. Pero Jesús libera de un modo muy especial. El es el Hijo del Hombre que nos  trae la liberación de Dios convertida en servicio, humildad y vida compartida.     



sábado, 22 de abril de 2017

BASHIR MOHAMED


                                                                              Francesc Ramis Darder
                                                                              bibliayoriente.blogspot.com


ROMA, 18 Abr. 17 / 07:04 pm (ACI).- Bashir Mohamed es un sirio que fue adoctrinado por extremistas y que perteneció al yihadista Frente Al Nusra, asociado a terroristas de Al Qaeda. Sin embargo, una intensa experiencia de curación gracias a la oración hizo que se convirtiera al cristianismo.
 Ahora Mohamed tiene 25 años, reside en Estambul (Turquía) con su esposa Hevin Rashid, y organiza reuniones de oración en su casa en la que participan otros ex musulmanes como él que se han convertido al cristianismo.
Mohamed nació en la ciudad de Afrin, en la zona kurda de Siria, en el seno de una familia musulmana. Cuando tenía 15 años, su primo Ahmad lo llevó a las prédicas yihadistas y se adhirió a una de las ramas más extremistas del Islam.
Al estallar la guerra civil en Siria en 2011, Mohamed se unió a las fuerzas kurdas que luchaban por su autonomía, ya que no tienen un territorio propio.
El joven se horrorizó ante las matanzas que ocurrían en las batallas, pero paradójicamente estas revitalizaron su interés por las enseñanzas extremistas que aprendió en su adolescencia.
“Cuando vi todos esos cadáveres comencé a creer en todo lo que enseñaban las lecturas. Me hicieron buscar la grandeza de la religión”, contó a The New York Times.
En 2012 desertó con un amigo de las fuerzas kurdas para unirse al Frente Al Nusra, que busca derrocar al gobierno de Bashar al Assad en Siria y crear un estado islámico extremista.
Como miembro del Frente Al Nusra, Mohamed presenció crudas matanzas. Entre otras cosas, dijo que los yihadistas ejecutaban a los prisioneros con gran crueldad, como cuando los aplastan con excavadoras.
Mohamed explicó que la propaganda de los extremistas hacía ver la violencia como algo tolerable. “Nos decían que esa gente eran los enemigos de Dios y yo veía positivamente las ejecuciones”.
En 2013, volvió por un breve periodo de tiempo a su ciudad y cuando estuvo de vuelta en el campo de batalla comenzó a cuestionar los objetivos del Frente Al Nusra.
En una ocasión vio que las tropas del gobierno sirio también ejecutaban a sus prisioneros con excavadoras, y pensó que no había mucha diferencia entre ambos bandos.
Desilusionado, abandonó el Frente Al Nusra y volvió nuevamente a Afrin. “Fui a Al Nusra en mi búsqueda de Dios. Pero después de ver a musulmanes asesinando a musulmanes, me di cuenta de que algo estaba mal”, manifestó.
Un año después, Mohamed huyó de Siria a Turquía junto a su esposa. Ya instalados en Estambul, Mohamed aún era musulmán. Rezaba tan alto que sus vecinos se quejaban y quería que su esposa estuviera siempre cubierta en las calles.
A principios del año 2015, Hevin cayó gravemente enferma. Mohamed recuerda que llamó a su primo Ahmad, que para ese entonces ya residía en Canadá, para contarle su situación y se dio con la sorpresa de que la persona que lo había introducido en el mundo de los extremistas se había convertido al cristianismo.
Ahmad le pidió a Mohamed que colocara su teléfono cerca de su esposa para que su grupo pudiera cantar y orar por su salud. Al inicio Mohamed rechazó la idea porque consideraba al cristianismo como una religión repugnante, pero cedió porque estaba desesperado.
Días después de la llamada, la salud de Hevin comenzó a mejorar y su esposo atribuyó este cambio a la oración de su primo.
Entonces decidió pedirle que le presentara a un líder cristiano para poder aprender sobre la fe cristiana. Se puso en contacto con Eimad Brim, un misionero evangélico de un grupo llamado El Buen Pastor, que tenía su sede principal en Jordania.
Mohamed dijo que cuando comenzó a leer la Sagrada Escritura dio cuenta de que le traía más paz que leer el Corán. Se sentía más acogido en las iglesias que en las mezquitas y percibió que las oraciones cristianas era más generosas que las musulmanas.
Tanto él como su esposa comenzaron a soñar con su conversión y a sentirse amados por Dios, según relató Hevin a The New York Times.
Cuando se convirtieron eran conscientes que podían sufrir persecución. Sin embargo, “yo confió en Dios”, dice Mohamed.
“Hay un gran abismo entre el dios que yo solía adorar y el Dios que adoro ahora. Nosotros solíamos adorar con miedo, ahora todo ha cambiado”, dijo el joven converso al cristianismo.

viernes, 21 de abril de 2017

¿QUIÉNES SON LOS REYES SUMERIOS?


                                                                    Francesc Ramis Darder
                                                                    bibliayoriente.blogspot.com


Como la autoridad qutu sobre la Baja Mesopotamia era casi nominal, los monarcas sumerios, mantenidos antaño por los acadios en calidad de vasallos, recuperaron el control de las ciudades. Así la cultura sumeria, liberada del dominio acadio y del poderío qutu, pudo renacer. El renacimiento sumerio alboreó en la ciudad de Lagash, gobernada por Gudea (2144-2124 a.C.). El rey derrotó a los elamitas que intentaban penetrar en la región por el este; afianzó la administración; practicó la diplomacia con las ciudades vecinas; construyó templos, especialmente el de Ningirsu, en Girsu, población aledaña de Lagash; desarrolló el comercio; reformó el calendario; tabuló las pesas y medidas; y promulgó leyes para socorrer a los más desfavorecidos, de ese modo calmó las posibles revueltas sociales en la ciudad.

    Otra próspera ciudad sumeria, Uruk, levantada en armas por su soberano, Utu-Hengal (2120-2112 a.C.), venció a los qutu y a su jefe, Tiriqan. Tras la derrota, los qutu perdieron el poderío militar que, como población minoritaria, detentaban; entonces, acosados por las tropas sumerias, perdieron la autoridad, pues, o volvieron a sus tierras, el país de Qutium, o se disolvieron entre la población mesopotámica. La ciudad de Uruk controlaba la ciudad de Ur, gobernada por Ur-Nammu, seguramente un hijo o un pariente cercano de Utu-Hergal. Cuando Utu-Hergal derrotó a los qutu, quiso extender su autoridad sobre la Baja Mesopotamia; pero, mientras se afanaba en la tarea, el gobernador de Ur, Ur-Nammu, le arrebató la corona y se proclamó rey (2112-2095 a.C.). El nuevo monarca, asentado en Ur, inauguró una nueva dinastía, conocida por los estudiosos como “Tercera Dinastía de Ur”. Reinó sobre las ciudades sumerias del sur, y las acadias, abandonadas por los qutu, en el centro de la región mesopotámica. No obstante, las ciudades no eran autónomas, como sucedía en tiempos de los antiguos soberanos sumerios. Dependían de la autoridad Ur-Nammu que, entronizado en Ur, inauguró, como sentencian los historiadores, el “Imperio de Ur”, caracterizado por el centralismo político y económico ejercido desde la capital sobre las ciudades de Sumer y Akkad. Con el fin de reforzar su autoridad adoptó el título de “Rey de Sumer y Akkad”, como hiciera Sargón. La pretensión del monarca, que había eliminado la autonomía de las ciudades sumerias, provocó rebeliones; por eso tuvo que pacificar el país, especialmente la ciudad de Lagash, patria del añorado Gudea, y acrisolar la unidad administrativa y política del territorio bajo la firmeza de su cetro y la organización de la corte. De ahí que el territorio de la antigua Sumer quedara estructurado en provincias; los monarcas que antaño regían cada ciudad fueron sustituidos por gobernadores dependientes de Ur-Nammu que, a las órdenes de la capital, administraban el Imperio. También el territorio del antiguo Akkad quedó divido en provincias al mando de un gobernador dependiente de la corona. 

Con intención de favorecer el comercio y el cobro de impuestos, el rey unificó pesos y medidas, y estableció el catastro para alcanzar la eficiencia en el cobro de impuestos. Restauró templos, que también perdieron su autonomía, sometidos a la autoridad de rey. Construyó un santuario a la divinidad lunar, Nanna-Sin; y levantó en primer zigurat en Ur. Favoreció la política hidráulica, eje de la riqueza agrícola; la productividad aumentó, con el tiempo, gracias a la mejor parcelación de los campos.  Con el deseo de afianzar su autoridad, remozó la capital, sede del gobierno, por esa razón la amuralló y acreció su importancia comercial.

    A la muerte de Ur-Nammu, asumió el trono su hijo, Shulgi (2094-2047 a.C.). Interesado en las ciencias y las artes, creó escuelas de escribas en Nippur y Ur que plasmaron en tablillas las antiguas tradiciones sumerias; su reinado contempló la llamada “edad de oro” de la literatura sumeria. Emulando la figura de Sargón, se proclamó “Rey de las Cuatro Regiones”. Atento al aura de Naran-Sin, se invistió de atributos divinos, fue adorado como un dios, favoreció la construcción de templos en su honor, le dedicaron himnos litúrgicos, y se declaró pariente de Gilgamesh, el héroe que, según la tradición, estaba constituido en dos terceras partes como dios y en una como hombre. Establecida la solvencia política y religiosa de su corona, reforzó el ejército con que aseguró la solidez de imperio, y dominó Susa, en territorio elamita. Construyó fortificaciones en el norte para controlar los asentamientos hurritas y asegurar las rutas comerciales hacia Anatolia. Durante su reinado, comenzaron a penetrar desde Siria los martu, también llamados amorreos, a los que tuvo que enfrentarse. Impuso gobernadores sobre Assur y Nínive para asegurar la fidelidad de ambas ciudades.  Incentivó el comercio que, organizado desde los templos y el palacio real, era confiado a los mercaderes de los distintos ramos, tanto en el interior como hacia el exterior de Mesopotamia. A través de Mari, ciudad autónoma en territorio sirio, pudo comerciar, quizá, incluso con el Mediterráneo. Acreció el progreso, inaugurado por sus antecesores, y contempló un aumento considerable de la población.

 No obstante, las grietas sociales se hacían evidentes; pues la fuerza de trabajo descansaba sobre los siervos que, subyugados por la elite, recibían raciones mínimas en la distribución de los bienes. La necesidad de acrecer la prosperidad y trenzar las relaciones sociales determinó la codificación legal en el llamado “Código de Shulgi”; bajo su cetro, la dinastía de Ur alcanzó el cenit de su poderío.

    Cuando falleció Shulgi, ciñó la corona su hijo, Amar-Sin (2046-2038 a.C.). Entonces, estallaron los problemas que iban a hundir el imperio. En Sumer, crecieron las diferencias entre las ciudades; las ciudades sureñas vieron disminuir su riqueza a causa de la salinización del terreno con la consiguiente bajada de la producción agropecuaria, mientras las norteñas contemplaron el aumento de su riqueza, gracias a la eficiente política hidráulica. La región más norteña de Akkad padeció la creciente presión de los hurritas, controlada con dificultad por el rey desde la ciudad de Assur; y sufrió la infiltración de los martu, también llamados amorreos, tribus semitas que, procedentes de Siria, penetraban en Mesopotamia, aprovechando la situación caótica provoca por la destrucción de Ebla bajo la espada de Naran-Sin. La presión hurrita y la penetración amorrea provocaron la disminución del comercio hacia el norte, la caída de la actividad agropecuaria, y la crisis de las ciudades, causada por la disminución de recursos que el campo, devastado por los amorreos, aportaba a las urbes.

    A la muerte de Amar-Sin, ocupó el trono su hermano, Shu-Sin (2037-2029 a.C.). Con intención de frenar el avance amorreo, levantó un muro en el norte, el “muro de los martu”, entre el Eufrates y el Tigros, para guarnecer la región de Akkad y evitar que los amorreos penetraran hacia el centro y el sur de Mesopotamia. Con muchas dificultades, el rey mantuvo el comercio con Anatolia, a través de Assur y Mari, situadas fuera del muro, y con mayor dificultad, a través de Biblos, pudo comerciar con el Mediterráneo; la ruptura de las rutas comerciales dificultaba la importación de metales, necesarios para asentar el progreso y la fabricación de armas. Cansados de la opresión, los siervos se sublevaron contra la elite, que buscó refugio en las ciudades. Por si fuera poco, Shu-Sin batalló contra los Su, pueblo procedente de los Zagros, que, dolido por la constante rapiña de los soberanos de Ur y buscando mejores tierras, invadían Mesopotamia.


    Ibbi-Sin (2028-2004 a.C.) sucedió en el trono a su hermano Amar-Sin. Durante su reinado, los amorreos franquearon el muro, levantado por Shu-Sin, y penetraron en Sumer y Akkad. Entonces las adversidades arreciaron: el comerció decreció; las diferencias económicas entre las ciudades meridionales y septentrionales de Sumer, aumentaron; la salinización del campo, debida a la errónea política hidráulica, cercenó la producción; las ciudades quedaron desabastecidas por la improductividad del campo y la negativa de los siervos, recién emancipados, a enviar grano a las urbes; mientras los amorreos y los su diezmaban el territorio. La centralización política y administrativa, impuesta por los reyes, impidió que los gobernadores locales tomaran decisiones eficaces contra la invasión y el caos interno; por eso las ciudades devinieron, en la práctica, independientes de la corona, al tener que solucionar por ellas mismas los acuciantes problemas.

 Asustado Ibbi-Sin por la incursión amorrea y el desabastecimiento de Ur, capital del imperio, nombró a Ishbi-Erra, un cortesano relevante, gobernador de la ciudad de Isín para que protegiera la capital y enviara vituallas; pero el gobernador, a ejemplo de otras urbes, desoyó el encargo, se proclamó rey de Isín y conquistó otras ciudades próximas. Mientras tanto, la ciudad de Susa, conquistada antaño por Shulgi, recuperó la independencia; aunque más tarde (2025 a.C.), el rey elamita, Kindattu, apoyado por los su, enemigos de los sumerios, la incorporó a sus dominios; así el comercio hacia Oriente también cesó. La autoridad de  Ibbi-Sin se redujo a la capital y sus contornos; finalmente, los elamitas, respaldados por los su, arrasaron Ur (2004 a.C.), y deportaron al rey a Anshán, en territorio elemita, donde murió. El emperio de Ur y la Tercera Dinastía habían llegado al ocaso.     

jueves, 6 de abril de 2017

¿QUIÉN ES DAVID?






                                       Francesc Ramis Darder
                                       bibliayoriente.blogspot.com


La fiesta central de los cristianos es la Pascua; el tiempo en que celebramos con gozo la presencia de Jesús resucitado entre nosotros. La Pascua es tan importante que dedicamos la Cuaresma a prepararnos para vivirla intensamente; y este esfuerzo de preparación, siempre con la ayuda de Dios, se llama “conversión”. La lectura del profeta Samuel que acabamos de escuchar ofrece una pauta de conversión; nos dice: “en la vida no te conformes con ser un individuo superficial; procura ser una persona espiritual, una persona que sabe mirar a los demás con los mismos ojos con que Dios nos mira”. Samuel era un profeta. Su nombre, “Samuel”, significa “el que está acostumbrado a escuchar a Dios”; recordemos que los lugares donde escuchamos la voluntad de Dios son sobre todo en el ámbito de la oración y en la atención que dedicamos a los necesitados. Un profeta es precisamente eso: “la persona acostumbrada a escuchar a Dios y que sabe transmitir la voluntad divina a la gente de su tiempo”.

 Dios envió a Samuel al pueblo de Belén, a casa de Jesé. Dios quería que uno de los hijos de Jesé fuese rey de Israel. Cuando Samuel llegó, Jesé le presentó a sus hijos. Comenzó presentándole al mayor, Eliab. Como sugiere el texto, tenía aspecto de guerrero, era alto y de gran talla, cualidades muy valoradas en el mundo antiguo. Luego pensó Samuel, “este tiene que ser el rey de Israel, pues, ¿quién mejor que un guerrero, alto y de gran talla, para defender al pueblo?”. Pero, dijo Dios al profeta: “No te fijes en su aspecto exterior. Yo, Dios, he descartado a Eliab como rey de Israel”; y añadió el Señor: “Lo que ve el hombre no es lo que vale; el hombre ve las cosas externas, el aspecto superficial de las cosas, pero Dios mira siempre con profundidad, porque ve lo que hay en el corazón de cada persona”. Samuel era un profeta, sabía escuchar la voz de Dios y sabía comunicarla al pueblo; pero aún le faltaba un largo camino de conversión, tenía que aprender a mirar a las personas con los ojos de Dios, los ojos que ven lo que hay en el corazón de cada uno de nosotros.

 Más tarde, Eliab presentó a Samuel a su hijo pequeño, David. Su aspecto era distinto al de su hermano; pues no era alto ni de gran talla; era pequeño, no era un guerrero sino un pastorcillo, tenía el cabello rubio y los ojos bellos, como dice la Escritura “daba gusto de verlo”. Luego, Dios dijo a Samuel: “Quiero que David sea el rey de Israel”. Como decíamos antes, Dios no se fija en el aspecto externo de las personas; no se satisfizo con la altura y la talla de Eliab, y tampoco se satisfizo con el aspecto externo de David, aunque fuese tan bello. Dios, como hace siempre, miró en el corazón de David, allí vio la gran virtud que Dios quiere que tengamos. ¿Cuál es? El propio nombre de “David” nos lo explica; la palabra “David” quiere decir “el que quiere vivir amando”. Y Dios, conocedor del “corazón humano”, eligió a David, “el que quiere vivir amando", para rey de Israel. Lo que nos hace grandes ante Dios no es nuestra talla, grande como Eliab o pequeña como David, es nuestra capacidad de amar; porque, a los ojos de Dios, solo es grande e importante lo que se hace con amor y por amor. Acostumbrado a escuchar a Dios, Samuel ungió a David como rey. Como se hacía entonces, vertió una jarra de aceite perfumado sobre la cabeza de David diciéndole: “este aceite significa la ayuda que Dios te da para que puedas ser un buen rey”; y añadía aún: “recuerda que además de gobernar con justicia, debes cuidar especialmente a los pobres, los enfermos, las viudas y los huérfanos”; los marginados de entonces.


 En casa de Jesé, Samuel siguió convirtiéndose. Aprendió a mirar a las personas con los ojos de Dios. Cuando miramos a los demás con la mirada del Señor, aprendemos a ver bajo el rostro de cada persona a un hermano amado; y esta nueva forma de mirar es la conversión cristiana. Que esta Eucaristía abra nuestros ojos a la mirada misericordiosa de Dios hacia la humanidad entera. 

lunes, 3 de abril de 2017

ENCUENTRO ENTRE LUTERANOS Y CATÓLICOS




                                 Francesc Ramis Darder
                                 bibliayoriente.blogspot.com



Esta mañana, a las 11.50, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en el Congreso Internacional de Estudios organizado por el Comité Pontificio de Ciencias Históricas, con motivo del  V Centenario de la Reforma luterana (1517-2017) sobre el  tema: Lutero 500 años despuès. Una relectura de la Reforma luterana en su contexto histórico eclesial  que ha tenido lugar en Roma del 29 al 31 de marzo  de 2017.

                Publicamos a continuación el saludo que el Papa ha dirigido a los participantes en el curso de la audiencia:
Queridos hermanos:
Señores y señoras:
Os recibo con placer y os saludo cordialmente. Agradezco al Padre Bernard Ardura  las palabras, con  las cuales ha  resumido el significado de este congreso sobre Lutero y su reforma.

Confieso que el primer sentimiento que experimento frente a  esta loable iniciativa del Comité Pontificio de Ciencias Históricas es un sentimiento de gratitud a Dios, acompañado de un cierto asombro ante la idea de que no hace mucho tiempo un congreso  de este tipo habría sido del todo impensable. Hablar de Lutero, protestantes y católicos juntos, por iniciativa de un organismo de la Santa Sede: realmente sentimos, de primera mano, los frutos del Espíritu Santo, que supera todas las barreras y transforma los conflictos en oportunidades para el crecimiento en la comunión. Del conflicto a la comunión es, efectivamente,  el título del documento de la Comisión Luterana-Católica romana, en vista de la conmemoración común del quinto centenario de la Reforma de Lutero.

Me alegré al saber que esta conmemoración ha ofrecido a los estudiosos de diversas instituciones la oportunidad de observar juntos  aquellos hechos.  Los análisis serios sobre  la figura de Lutero y su crítica contra la Iglesia de su tiempo y del papado contribuyen indudablemente a superar ese clima de desconfianza mutua y de rivalidad que durante demasiado tiempo caracterizó en el pasado las relaciones entre católicos y protestantes. El estudio cuidadoso y riguroso, libre de prejuicios y polémicas ideológicas, permite a las  Iglesias, hoy en diálogo, discernir y asumir  aquello que de positivo y legítimo había en la Reforma, y ​​distanciarse de los errores, las exageraciones y los fracasos, reconociendo la pecados que llevaron a la división.

Todos somos conscientes de que el pasado no se puede cambiar. Sin embargo, hoy, después de cincuenta años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, es posible hacer una purificación de la memoria, que no consiste en realizar una corrección inactuable  de lo que ocurrió hace quinientos años, sino en "contar esta historia de una manera diferente" (COMISIÓN LUTERANA-CATÓLICA ROMANA PARA LA UNIDAD, Del conflicto a la comunión, 17 de junio, 2013, 16), sin rastro alguno de aquel rencor por las heridas ocasionadas que distorsiona la visión que tenemos los unos de los otros. Hoy, como cristianos, todos estamos llamados a liberarnos de los prejuicios hacia  la fe que otros  profesan con un acento y un lenguaje diferente, a intercambiarnos  mutuamente el perdón por los pecados cometidos por nuestros padres y a invocar juntos  de Dios  el don de la reconciliación y de la unidad.

Mientras acompaño con la oración vuestro valioso trabajo de investigación histórica, invoco sobre todos vosotros la bendición de Dios Todopoderoso y Misericordioso. Y os pido , por favor, que recéis  por mí. ¡Que Dios nos bendiga a todos!.Gracias

miércoles, 29 de marzo de 2017

ENGLISH BIBLE


                                                       
                                                                 Francesc Ramis Darder
                                                                 bibliayoriente.blogspot.com


http://www.vatican.va/archive/ENG0839/_INDEX.HTM

lunes, 20 de marzo de 2017

DIOS MADRE





                                             Francesc Ramis Darder
                                             bibliayoriente.blogspot.com


Como explica la Sagrada Escritura, había en Jerusalén un rey llamado Ezequías; Dios le había ayudado, le había defendido de sus enemigos y curado de una enfermedad mortal. Parecía que el monarca tenía que ser capaz de poner su confianza en Dios. Pero sucedió un hecho sorprendente. Fueron a visitarle los embajadores del emperador de Babilonia. Después de recibirlos, les mostró lo que consideraba más importante. Ahora bien, el rey no llevó a los embajadores a la escuela de algún sabio, capaz de enseñar al pueblo el arte de vivir amando; tampoco les presentó a ningún profeta, los hombres que en nombre de Dios exigen la justicia; ni tan siquiera les condujo al templo para que pudieran conocer a algún sacerdote, la persona que orientaba al pueblo hacia la oración.

    Ezequías les mostró lo que consideraba más importante; les llevó a la cámara del tesoro, donde les expuso, con el tono más orgulloso, la plata, el oro, los ricos perfumes, los ungüentos más valiosos, y el arsenal con las armas más sofisticadas. Ezequías, que tanto debía agradecer al Señor, a la hora de la verdad, depositaba toda su confianza en el valor de las riquezas.

    La gente de Jerusalén informó al profeta Isaías de lo que había hecho el rey; Isaías se presentó en palacio y dijo al soberano: vendrán días en que los tesoros que has acumulado te los quitarán y los llevarán a Babilonia, ni a ti ni a tus descendientes os quedará nada de toda esta riqueza; y, añadiría aún, la gente que se ha dedicado a acumular riquezas, olvidando el amor de Dios y su justicia, serán deportados un día a Babilonia, como esclavos.

    Como dice Jesús en el evangelio: “No podemos servir a Dios y a las riquezas.” Solo el servicio a Dios, expresado con el amor y la misericordia hacia el prójimo, dura por siempre; solo el servicio a Dios y al prójimo nos abre la puerta del cielo, mientras el culto a las riquezas nos convierte en egoístas atados por siempre a la tierra.

    Las palabras de Isaías se cumplieron. El rey de Babilonia conquistó Jerusalén, requisó las riquezas que la codicia había acumulado y se llevó parte de la población a Babilonia. Cuando los israelitas habitaron en Babilonia aprendieron que el fundamento de la vida no consiste en acumular riquezas, sino en la capacidad de amar; comenzaron a aprender lo que mucho después dirá Jesús: “Lo más importante es buscar por encima de todo el Reino de Dios”; recordemos que el Reino de Dios llega a nuestra vida cuando nos decidimos a vivir amando.

    Cuando los israelitas deportados tuvieron la posibilidad de volver a Jerusalén, lo hicieron con la ilusión de explicar a sus hermanos lo que era la vivencia del Reino de Dios. Pero, cuando llegaron, constataron que la gente, apegada a la riqueza, no quería saber nada del amor ni del Reino de Dios. Después, cayeron en el desengaño, dijeron: “El Señor nos ha abandonado”.

    Fue un momento de gran dificultad; pero es en el momento de mayor dificultad cuando Dios manifiesta la mayor intensidad de su amor; por ello el Señor se manifestó a la comunidad hundida con su rostro maternal, el más profundo, dijo al pueblo deprimido: “¿Crees que una madre se olvidará de su hijo?” Casi siempre, la Escritura presenta a Dios con el rostro del padre, pero en los momentos de más adversidad, el Señor se revela con el rostro maternal; porque, como madre que también es de su pueblo, está dispuesto a engendrarlo de nuevo, para transformar la angustia del pueblo en aliento de vida.

  En los momentos de mayor adversidad, Dios se revela más cercano, porque se revela como la buena madre que nos quiere dar a luz de nuevo para que recuperemos el gusto por la vida que Él nos ha dado. Pongamos nuestra confianza en el Dios maternal y no en la seducción de las riquezas, que destrozaron la vida de Ezequías y llevaron a Israel al exilio.

            

jueves, 16 de marzo de 2017

CUARESMA



                                           Francesc Ramis Darder
                                           bibliayoriente.blogspot.com


La fiesta más importante del ciclo litúrgico es la Pascua, la celebración de la resurrección del Señor.

 La Pascua es tan importante que dedicamos cuarenta días a prepararnos para poder celebrarla con la mayor intensidad; y estos cuarenta días de preparación constituyen la Cuaresma. Dura cuarenta días en recuerdo de los cuarenta años que pasaron los israelitas en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, y en memoria de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de empezar a predicar el evangelio.

A fin de que la Cuaresma sea una verdadera preparación para vivir la Pascua, la Iglesia nos aconseja tres cosas:

Primera: la Plegaria. Dediquemos cada día un rato a la oración y a la lectura del evangelio, participemos en el Vía Crucis y en el oficio de Vísperas que organiza la parroquia, vivamos con intensidad la celebración de la Eucaristía y la Reconciliación.

Segunda: Práctica de la Caridad cristiana. Estemos especialmente atentos a los hermanos que reclaman nuestra ayuda, en la colecta del Jueves Santo ayudemos especialmente a Cáritas, en la del Viernes Santo colaboremos con los cristianos de Tierra Santa.

Tercera: Ayuno. El ayuno y la abstinencia son signos que nos recuerdan que estamos en el camino de la Cuaresma; pero también nos enseñan que podemos desprendernos de algunas cosas para poder ayudar a los demás e incluso sentirnos mejor nosotros mismos.

    La oración, la práctica de la caridad cristiana, y la capacidad de desprendernos de lo que a menudo es superfluo fortalecen nuestra capacidad de amar a Dios y al prójimo. Que la Cuaresma de este año sea para todos el camino hacia el encuentro del Señor el domingo de Pascua.
             



domingo, 12 de marzo de 2017

¿QUIÉN ES EL PROFETA ELISEO?



  Francesc Ramis Darder
                                                                                   bibliayoriente.blogspot.com




ELISEO: SÓLO EL SEÑOR ES CAPAZ DE SALVAR


    El rey Salomón gobernaba a la vez sobre dos estados: Judá, al sur; e Israel, al norte. Cuando murió Salomón (ca. 930 aC.) ambos reinos recobraron la respectiva independencia. El reino del norte, Israel, tras algunos titubeos estableció la capital en Samaría (1Re 16,24). El primer rey, Jeroboán I (931-910 aC.), ávido de poder y riqueza precipitó el reino en la idolatría. El monarca erigió un santuario en Dan y otro en Bersebá dedicados al culto idolátrico (1Re 12,26-33). Los sucesores de Jeroboán I ahondaron en las prácticas idolátricas y provocaron que el pueblo casi olvidara la identidad misericordiosa y liberadora de Yahvé, el Dios de Israel.

    Recordemos que la idolatría no se reduce al hecho banal de adorar imágenes engañosas; consiste en dejarse seducir por el afán de poder, en la decisión de acallar la voz de la conciencia, y en el deseo de poseer riquezas sin fin.

    El sexto sucesor de Jeroboán I fue el rey Ajab (874-853 aC). Ajab y su esposa, Jezabel, hundieron el país en la idolatría (1Re 16,30-33). En tiempos de Ajab, el Señor suscitó al profeta Elías para recordar al pueblo la falsedad de la idolatría y para anunciarle que lo único que vale la pena es amar y practicar la misericordia (1Re 17-19.21; 2Re 1-2).

    Eliseo era el discípulo privilegiado de Elías (1Re 19,19-21). Cuando Elías murió, Eliseo continuó la tarea profética de su maestro (2Re 2,1-17). Sin embargo la tarea que aguardaba a Eliseo era ardua, pues Ajab gobernaba Israel y la nación estaba sumida en la injusticia y en la idolatría.

    Eliseo comenzó su ministerio profético con humildad y mucho sentido común. Seguramente, antes de iniciar la misión profética, Eliseo tendría un nombre que desconocemos; pero cuando comenzó su tarea quiso llamarse “Eliseo”. La palabra “Eliseo” pertenece a la lengua hebrea y significa “el Señor es el único capaz de salvar”. De ese modo, Eliseo, con sólo pronunciar su nombre realizaba una catequesis en bien de su pueblo. Anunciaba que sólo el Señor es capaz de salvar y, como contrapartida, denunciaba la falsedad de los ídolos.

    Eliseo inició su ministerio llevando a cabo tareas muy sencillas: condimentó un guiso para que sus compañeros pudieran alimentarse (2Re 4,38-41), y ayudó a un leñador a recuperar el hacha que había perdido (2Re 6,1-7). Eliseo comenzó con lo que podíamos llamar el apostolado de las pequeñas cosas. Recordemos que  los ojos de Dios, las cosas no son importantes por lo grandes que sean, sino por la intensidad del amor con que se hacen.

    La decisión de Eliseo de sembrar amor y bondad en su entorno, le convirtió en el “hombre de Dios” (2Re 4,9) que se preocupaba de los pobres (2Re 4,1-8) y los enfermos (2Re 5,1-19). Eliseo era un hombre de Dios porque era una persona de oración y un creyente que destacaba por la práctica de la caridad en las cosas pequeñas.

    La situación política de Israel empeoraba. Muerto Ajab, subió al trono Ocozías (853-852 aC.) y después Jorán (852-841 aC.). Ambos monarcas, arrojaron a la comunidad israelita en las zarpas de los ídolos (2Re 1,3; 3,1-3). Ante la gravedad de la situación, Eliseo comprendió que no podía limitar su tarea a la realidad cotidiana. El profeta decidió comprometerse políticamente para conseguir la trasformación social y religiosa de Israel.  El compromiso político de Eliseo le llevó a urdir un golpe de estado. El profeta hizo ungir a Jehú como rey de Israel, y combatió el gobierno déspota e impío de Jorán (2Re 9,1-26).

    El nuevo rey, Jehú (841-813 aC.), comenzó gobernando con justicia, pero, lentamente, fue abandonando la senda de los mandamientos y se precipitó en la idolatría (2Re 11,29-31). A pesar de la desidia del rey, Eliseo persistió en la predicación de la buena nueva y en la práctica de la misericordia hasta el final de su vida (2Re 13,14-19). La intimidad de Eliseo con Dios fue tan grande que, incluso después de morir, el contacto con sus huesos propició la resurrección de un muerto (2Re 13,20-21). Eliseo fue un hombre de Dios, valiente y constante en la vivencia del amor.

    La lectura cristiana de la Biblia percibe en el Nuevo Testamento el cumplimiento de las promesas de la Antigua Alianza. Los profetas preludian el advenimiento de Jesús, el profeta definitivo, y anuncian la esperanza del Apocalipsis: “dar testimonio de Jesús y tener espíritu profético es una misma cosa” (Ap 19,10).






lunes, 6 de marzo de 2017

¿QUIÉN ES EL PROFETA ELÍAS?

                                                                 Francesc Ramis Darder
                                                                 bibliayoriente.blogspot.com


El rey Salomón gobernaba dos reinos a la vez: Judá al sur, e Israel al norte. Cuando murió Salomón (ca. 930 aC.), ambos estados recuperaron la mutua independencia. Roboam (931-914 aC.), hijo de Salomón, gobernó Judá; mientras Jeroboam I dirigió los destinos de Israel (931-910 aC.).

    El reino de Israel era rico, pues disponía de las aguas del lago de Gennesaret y del regadío auspiciado por el cauce del Jordán. La rutas comerciales surcaban el reino y propiciaban el intercambio económico con los países vecinos: Siria y Tiro. Con el paso del tiempo, la capital de Israel se levantó en Samaría.

    Sin embargo, la Sagrada Escritura fustiga con dureza la expansión económica de Israel; pues a medida que el reino acumulaba riquezas olvidaba los mandamientos de Yahvé, y se dejaba atrapar por las cadenas de los ídolos. El ansia de “tener”, el afán de “poseer” y el desenfreno por “aparentar”, alejaban de la memoria del pueblo el recuerdo de Yahvé, el Dios liberador. La profecía de Amós describe sin tapujos la injusticia social que imperaba en Israel. La voz profética denuncia cómo se vende al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias (Am 2,6-7).

     Durante el reinado de Ajab (874-853 aC.), Ocozías (853-852 aC.) y Jorán (852-841 aC.), la injusticia social y el olvido de Yahvé corrompían con fuerza a la sociedad israelitas. Fue precisamente en ese período cuando aconteció el ministerio de Elías. El profeta fustigó la injusticia social y sembró en el corazón del pueblo la certeza de que Yahvé es el Dios que libera. El nombre “Elías” significa “mi Dios es Yahvé”; con ése nombre el profeta proclamaba su confianza en el Dios liberador y denunciaba la falsedad de los ídolos.

    Elías era conocido también con el apodo de “el tesbita”; probablemente por ser natural de Tisbé, localidad identificada con Khirbet el-Istib, en Galaad, a unos 25 km al norte del río Yabbok, en Trasjordania. Llevaba un manto de piel, típico de los beduinos del desierto, ceñido por un cinturón de cuero (2Re 1,8); de ese modo protestaba contra el lujo de la corte de Samaría. Exigía al rey y a todos los israelitas la conversión personal que debía expresarse en la decisión de construir un modelo social basado en la justicia (1Re 18,37). Su vida se caracterizó por la tarea personal a favor de los necesitados (1Re 17,7-16) y el compromiso político en favor de los pobres (1Re 21,1-29). Su intimidad con el Señor (1Re 19,11-13) le hizo descubrir la necesaria militancia política para desterrar la maldad y plantar la justicia social (1Re 19,15-16).

    La misión que emprendió Elías contra la idolatría y la injusticia le granjeó la persecución por parte del rey Ajab y de su esposa Jezabel. La persecución hundió al profeta en la depresión hasta el punto de desearse la muerte (1Re 19,4). Ante el acoso del desánimo, Elías hizo lo único posible y eficaz: descansó y recobró la serenidad, profundizó en el conocimiento de sí mismo, reforzó su amistad con Dios y decidió, después, continuar su cruzada contra la injusticia. No debemos permitir que el desánimo nos arroje en las zarpas del pasotismo. Cuando el desaliento se apodere de nuestra alma es necesario que sepamos tomarnos un tiempo de reposo, es decisivo que busquemos la compañía y el consejo de un buen amigo, que ahondemos en nuestra relación con Dios, y que recordemos los valores que nos impulsaron antaño a la vivencia cristiana.

    Elías no se rinde ante la tentación de desánimo, sino que emprende un viaje hasta el monte Horeb. El Horeb es una montaña especial. Yahvé se reveló a Moisés en el monte Horeb y le confirió la misión de liberar a los israelitas esclavos en Egipto (Ex 3,1-4,17). La tradición identifica el Horeb con el monte Sinaí, el lugar donde Dios entregó a Moisés los “Diez Mandamientos” (Ex 20,117). El viaje de Elías desde Berseba de Judá hasta el Horeb es la metáfora que expresa el viaje interior del profeta para recuperar los fundamentos de su fe. También simboliza el esfuerzo del cristiano para recuperar, en los momentos de confusión, las notas esenciales de la vivencia del evangelio.

    A largo del viaje, Elías palpó el auxilio divino, recuperó su amistad con Dios y refirmó su compromiso político en favor de la justicia social. Ciertamente, saber escuchar la voz de Dios que resuena en el hondón de nuestra alma y estar atento al latido del mundo, constituyen los ejes que permiten sembrar la semilla de Dios en el corazón de la humanidad.